jueves, 19 de febrero de 2009

El poeta agradece haber nacido en Valparaíso

Por más agua bendita que traigan
las lluvias y los ríos
nunca quisiera haber sido yo mismo
una catedral gótica;
imagine usted, este neófito que escribe,
por más hermoso que sea, cómo podría
llegar a ser la Notre Dame,
o la catedral de Burgos del cerro Cordillera?
pobre lenteja verde,
qué ridículo me vería
con arcos aguzados sobre mi cabeza,

o que mis piernas fuesen dos columnas
casi tocando el cielo,
y mi pobre fachada que ya no tengo,
la torre principal mi campanario;

yo que nunca me he puesto
una corbata al cuello, ni zapatos
demasiado brillantes,
no me vería bien con una bóveda de crucería,
o a dos brazos
sujetando arcos y agujas,

ay, madre mía, tu tesorito agradece
el haberme traído a este mundo,
hecho de carne y hueso, brillando
entre tanta naturaleza salvaje.

jueves, 29 de mayo de 2008

Mirando la foto del padre

Estando todavía tendido en el horizonte,
padre mío, sin que nadie se diera cuenta
me he metido de cabeza por tus pies,
me he llenado de pan y huevo,
de patatas y ensaladas con tomate,
y así embetunado hasta las orejas,
embutido en tu pecho, bien ajustado en tus brazos,
toda mi cabeza ha tomado la forma de tu cabeza,
mirando esta emblemática fotografía
tomada a dos pasos del vivero de langosta,
me doy cuenta cómo he desaparecido,
quien se mira al espejo
para certificar que no estoy soñando,
eres tú, padre mío; miro tu nariz, es igual a mi nariz,
mis orejas son tus orejas,
el modo de llevar el abrigo, las gafas oscuras,
es igual al estilo de mi abrigo y mis gafas;
por lo visto, por más de treinta años
estás dentro de esta bolsa con la ropa mía,
con todos tus huesitos, uno por uno, intactos,
tú, con arrugas, yo, por acá, con mis quebrantos.

martes, 13 de mayo de 2008

Video de Eduardo

Pitágoras

Filósofo y matemático, y más que eso:
mi amigo personal; no vive más lejos de esta casa,
la casa de los Embry es su casa;
con tenida bien planchada
se le puede ver en los desfiles,
en las festividades de los monarcas,
y para el año nuevo,
luce mejor, todo un caballero, de la cabeza a los pies;
para celebrar el día
de la independencia nacional, saca ropa
nueva, lo mismo si hubiese recibido invitación
para el casamiento de algún vecino, lleva camisa blanca
y corbata llena de flores,
ese es mi amigo Pitágoras,
no me influye en nada, sólo sé que su nombre
suena bien; se dice – a mí no me consta,
por su aversión a la tiranía
fue condenado al exilio en Samos –siendo esto tan
importante para la poesía - el mismo no lo cuenta,
parece que no le agrada mucho este tema;
ahí viene, se balancea al andar;
si éste fuera el mismo que
en el año 530 a. C. fundara en Italia
el pita, pita, pitagorismo:
la primera doctrina de los vegetarianos,
de los obedientes monjes guardianes del silencio,
del alma como una cuestión etérea
que pasa de un cuerpo a otro cuerpo; del árbol
a la montaña, y de la montaña florida
baja cantando por los ríos que van a dar a la mar, allí donde todo se queda quieto,
este sería mi amigo Pitágoras;
que después de una cuantas copas,
me dice que yo soy él y que él soy yo,
va y viene en el tiempo, y no es por nada,
se cree el padre de la ciencia ficción,
y cuando se siente mal, pero muy mal, por exceso de copas, se pone a cantar
el teorema de la hipotenusa;
¿quién le habrá puesto a mi amigo Pitágoras
un nombre tan sonoro?

Mandaré cartas al rey

Unos eran de Rengo, otros de Isla Grande,
y la novia que yo tenía
venía de Puerto Montt;
entonces me decía: “cuando yo entre
a estos sagrados verdes lugares,
haré lo que hizo Colón, con la cruz de mi espada por delante
hundiré mis rodillas en arenas muy duras;
mandaré cartas al rey,
le contaré que el hombre que yo amo
todavía no ha nacido;
para que el viento disperse
mis letras, firmaré en el aire mis cartas
y de cada letra
que yo escriba nacerá una flor;

aunque muchos me critiquen, ‘ahí va el hidalgo guerrero’,
“eh, ¿caballero, dónde vais?”
sabiendo que después de este mundo
no hay otro, yo también cartas mandaré al rey,
párrafo por párrafo le explicaré:
hundiré mi cabeza en bellos montes de vuestra merced,
en esta caja, en este anillo, en este sitio,
con la flor más hermosa
haré mi jardín de estos reinos,
y los frutos que aquí cultive
serán de oro y serán de plata.

Cerro Cordillera se levanta en medio de un gran incendio

El cerro Cordillera donde vivo
se ha levantado por encima de la cabeza de todos,
“allá viene volando”, puedo ver el hueco
que dejan sus raíces al levantarse,
y con el polvo que echa
miren cómo enharina los tejados vecinos;

ahí viene tirando trastos, cacerolas,
escaleras sin piernas,
como en un salón de magia
están cayendo también bicicletas viejas,
y mientras vuela, las copas de celebrar
magno acontecimiento, sobre las mesas se equilibran,
ay, cuidado con la cabeza,
vamos a pasar por debajo de un puente,
felizmente ya hemos pasado;
[encerrada en el asilo, mi tía se persigna,
hace oír su disidencia: “es maldición del cielo
dejar que los montes
vuelen como pájaros”]
miro hacia atrás, que es lo mismo
si echara los pies hacia adelante,
ay, mejor no haberlo mirado,
con látigos de acero
en procesiones piadosas la gente
se está dando golpes en las nalgas.

Pobrecitos los poetas del barroco

Pobrecitos los poetas del barroco
Yo, chilenito, latinoamericano, por temor a que me agarren
de una pierna, me aparté
del demonio y de sus encantos terribles;
pero no me distancié de sus brazos;
convertí
el vino en agua, y el agua
en humito blanco,
y para saludar a mi amada
en sus cumpleaños transformé piedras
en encendedores para iluminar mis cigarrillos;
eso es lo que pasa con los nuevos barredores
de Europa, en estas frías tierras lluviosas
vemos el trópico en las esquinas;
en los más antiguos bancos,
los edificios de columnas romanas
de Lima o Buenos Aires;
pobrecitos los poetas del barroco: aquí todo está muy claro,
se pincha un botón en el centro de Londres
y del apagón que resulta
repercute en la ciudad de Punta Arenas
donde tengo una flor;
no hay barcos que puedan atravesar la cordillera,
ni dador de saltos en el desierto;
de lo que hoy he aprendido, resalta la palabra ‘cuchara;’
antes que el río deje de ser amable lecho rosas,
después de limpiar transparentes oficinas de vidrios,
pacientemente hago un nido calientito
donde me zambullo para encontrarme contigo.